miércoles, 4 de diciembre de 2013
Corona de adviento
Historia
La corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno en representación del dios sol, pidiéndole que regresara con su luz y calor. Los primeros misioneros aprovecharon esta costumbre para evangelizar a las personas. Partían de lo que ellos tenían y les enseñaban la fe católica.
La corona está formada por diversos símbolos:
La forma circular de la corona:El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios, que es eterno, sin principio ni fin. También, representa nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas: Simbolizan la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando, poco a poco, una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se han ido iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona. Se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de Adviento, al hacer la oración en familia. Se acostumbra usar diferentes colores: una morada, una roja, una rosa y una blanca. Hay quienes acostumbran poner tres velas moradas y una rosa o blanca. Se prenden primero las moradas que nos recuerdan que es tiempo de penitencia, de conversión. La blanca o rosa significa la alegría de la llegada de Jesucristo.
Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan el fruto del jardín del Edén con el que Adán y Eva trajeron el pecado al mundo.
El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
La corona de Adviento tiene su origen en una tradición pagana europea que consistía en prender velas durante el invierno en representación del dios sol, pidiéndole que regresara con su luz y calor. Los primeros misioneros aprovecharon esta costumbre para evangelizar a las personas. Partían de lo que ellos tenían y les enseñaban la fe católica.
La corona está formada por diversos símbolos:
La forma circular de la corona:El círculo no tiene principio ni fin. Es señal del amor de Dios, que es eterno, sin principio ni fin. También, representa nuestro amor a Dios y al prójimo que nunca debe de terminar.
Las ramas verdes: Verde es el color de esperanza y vida. Dios quiere que esperemos su gracia, el perdón de los pecados y la gloria eterna al final de nuestras vidas. El anhelo más importante en nuestras vidas debe ser llegar a una unión más estrecha con Dios, nuestro Padre.
Las cuatro velas: Simbolizan la obscuridad provocada por el pecado que ciega al hombre y lo aleja de Dios. Después de la primera caída del hombre, Dios fue dando, poco a poco, una esperanza de salvación que iluminó todo el universo como las velas la corona. Así como las tinieblas se disipan con cada vela que encendemos, los siglos se han ido iluminando con la cada vez más cercana llegada de Cristo a nuestro mundo.
Son cuatro velas las que se ponen en la corona. Se prenden de una en una, durante los cuatro domingos de Adviento, al hacer la oración en familia. Se acostumbra usar diferentes colores: una morada, una roja, una rosa y una blanca. Hay quienes acostumbran poner tres velas moradas y una rosa o blanca. Se prenden primero las moradas que nos recuerdan que es tiempo de penitencia, de conversión. La blanca o rosa significa la alegría de la llegada de Jesucristo.
Las manzanas rojas que adornan la corona: Representan el fruto del jardín del Edén con el que Adán y Eva trajeron el pecado al mundo.
El listón rojo: Representa nuestro amor a Dios y el amor de Dios que nos envuelve.
¿Qué es la navidad?
La Iglesia en su misión de ir por el mundo llevando la Buena Nueva ha querido dedicar un tiempo a profundizar, contemplar y asimilar el Misterio de la Encarnación del Hijo de Dios; a este tiempo lo conocemos como Navidad. Cerca de la antigua fiesta judía de las luces y buscando dar un sentido cristiano a las celebraciones paganas del solsticio de invierno, la Iglesia aprovechó el momento para celebrar la Navidad.
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